Si La Palma fuese un color, sería el verde, en toda su gama de tonalidades. Es el de los pinos canarios, y también los verdes de las distintas especies de laurisilva que se han refugiado en la Isla Bonita. Bosques que tapizan las laderas de profundos barrancos en los que nos podemos adentrar a través una completa red de senderos. Las últimas erupciones ocurridas en el pasado siglo ampliaron la superficie de la isla, creando nuevos paisajes volcánicos que nos regalaron un plus de belleza. Conos volcánicos, mantos de pequeños fragmentos de roca, campos de lava, colores negros, ocres y rojizos, el silencio… crean un ambiente estremecedor que nos conecta con la potente energía de esta naturaleza indómita. ¿Y si miramos al cielo? Indescriptible. La Palma, poseedora de la certificación Reserva Starlight, es uno de los mejores lugares del mundo para observar el firmamento. ¿Y si nos sumergimos bajo las aguas? Sorprendente. La isla alberga una de las tres Reservas ...
¿Puede una isla tener alma? Para responder a esta pregunta hay que venir a El Hierro, la más joven de las Islas Canarias, pues emergió hace tan «solo» 1,1 millones de años. Es difícil explicar la magia de esta pequeña isla atlántica y volcánica, un rincón de sosiego y tranquilidad para olvidar las prisas y el estrés. Volcanes, coladas de lava, frondosos bosques de pino canario y laurisilva, árboles que se arrodillan ante el viento, abruptos acantilados, relajantes piscinas naturales, panorámicas de vértigo… Así es El Hierro, enigmática, sobrecogedora, un refugio para desconectar de la ajetreada vida actual y disfrutar del clima primaveral que reina en las Islas Canarias durante todo el año. La gastronomía de esta isla declarada Reserva de la Biosfera también suma para que nuestra estancia sea inolvidable, con unos productos frescos de la tierra y el mar de extraordinaria calidad, sin olvidar sus vinos con Denominación de Origen y los originales dulces...